»Se han propuesto muchas soluciones. Pero ninguna de ellas puede intentarse ahora. Todas ellas exigen que se practique una política de conservación, que se establezcan algunos cambios. Eso es imposible. Con una población mundial que se aproxima a los ocho mil millones de habitantes, el margen de experimentación ha desaparecido hace mucho tiempo. A medida que los recursos se hacen más escasos, la presión para producir crece y crece. Las naciones más ricas practican un nivel cada vez más grande de aislamiento y cautela, y las pobres están en la más absoluta desesperación. Los materiales producidos en el espacio no son más que una gota de agua, cuando lo que se necesita es una buena lluvia.

»No tengo consuelo que ofreceros. El mundo está a punto de explotar, y no veo forma de evitar el estallido. Lo que os ofrezco es solamente una oportunidad para algunos de vuestros hijos…»


—¿Aún estás con eso? —dijo Jan De Vries. Había activado la conexión videofónica entre las oficinas. Al oír su voz, Judith Niles dejó la transcripción.

—Estoy a punto de dejarlo. Creo que no puedo más. ¿Le has echado un vistazo a esto?

De Vries asintió.

—No es difícil comprender que Salter Wherry carezca de popularidad en los círculos de las Naciones Unidas. Su campaña para reclutar gente para las colonias espaciales es ciertamente efectiva, pero no ofrece una visión alentadora del futuro del mundo. Esperemos que esté equivocado. —Pasó el índice por la línea de su fino bigote—. El traje está listo. Ellos estarán preparados en cuanto tú lo estés.

—¿Quién lo hará? Dejé a Charlene la decisión final.

—Wolfgang Gibbs. Es joven, está preparado y todos estamos de acuerdo en que no es peligroso.

Judith Niles parecía pensativa.

—No estoy tan segura. El vacío es el vacío… Con eso no se juega. Diles que le preparen. Voy hacia allá.

Cuando llegó al laboratorio, los preparativos habían sido terminados. El equipo médico de emergencia estaba colocado junto a las paredes. En el centro, sentado en una gran mesa en una cámara sellada, Wolfgang Gibbs se estaba ajustando los guantes del traje espacial. Charlene Bloom se encontraba a su lado, verificando cuidadosamente el casco. Se enderezó cuando Judith Niles entró en la sala.



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