—Cuando quieras.

Gibbs asintió. La escafandra del traje empezó a oscurecerse lentamente. Su cara se volvió gris y luego desapareció de la vista cuando la escafandra se tornó completamente opaca. Las observadoras oyeron un gruñido a través de la radio del traje.

—Vaya porquería de color. Si mi tele funcionara así llamaría al técnico.

La figura embutida dentro del traje se giró lentamente para hacer que el objetivo mirara a través de la ventana de la cámara.

—Charlene, te has vuelto verde.

—Lo noto. Nos preocuparemos por el ajuste de color de la cámara más tarde. ¿Puedes volver a mover los bloques? Y sigue hablando mientras lo haces, igual que antes.

—Eso es fácil. —La figura envarada empezó a trasladar lentamente los bloques hasta su emplazamiento original—. Esto me recuerda el trabajo que solían darnos en el ejército durante el entrenamiento básico. Nos cansaban para evitar que creáramos problemas. Primero mueves la pila de mierda a un lado, luego, cuando acabas, alguien más la vuelve a poner en su sitio. Entonces tú…

Sucedió de repente. La señal acústica desapareció. En un instante la figura estaba trabajando eficientemente y su conversación llegaba claramente a través de la radio. Luego vieron a una estatua silenciosa e inmóvil, congelada con un bloque rojo en la mano.

Charlene Bloom dio un grito de alarma, mientras que Judith Niles inspiró profundamente.

—Eso es. No hay motivo de alarma, Charlene, es lo que estábamos esperando. Empiece a subir la presión, lentamente. No queremos problemas. Me aseguraré de que la cama esté preparada. Apuesto a que estará dormido al menos media hora.

Se acercó al teléfono. Tras ella, Charlene contempló con los ojos completamente abiertos la figura inconsciente de Wolfgang Gibbs. Tuvo que combatir la tentación de volver a hacer bajar la presión a nivel del mar, y correr al interior de la cámara.



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