– Demonios, ya es bastante grave que los rusos intercepten nuestros cablegramas en clave; sabemos que los japoneses y los israelíes han descifrado todos nuestros códigos, y rezamos para que los rusos no puedan hacerlo todavía. Pero usted entiende lo que quiero decir, dónde radica el gran problema… Me refiero a la lectura de la mente.

– Ah, sí, claro.

– Su informe tendrá que tener eso en cuenta.

Norman prometió que así sería.

Un miembro del personal de la Casa Blanca le dijo:

– Usted comprenderá que el Presidente deseará hablar en persona con esos extra-terrestres: él es así.

– Ya -dijo Norman.

– Y lo que quiero decir es que el valor publicitario que hay aquí, en la aparición ante el público, es incalculable: el Presidente se encuentra con los extra-terrestres en Camp David. ¡Qué importante para los medios de comunicación!

– Importantísimo -volvió a coincidir Norman.

– Por tanto, los extra-terrestres necesitarán que un hombre, que vaya como avanzada, les informe de quién es el Presidente y cuál es el protocolo para hablar con él, pues no se puede permitir que el Presidente de Estados Unidos hable por televisión con gente de otra galaxia, o de donde fuere, sin preparación previa. ¿Cree usted que los extra-terrestres hablen inglés?

– Es dudoso -respondió Norman.

– Así que es posible que alguien necesite aprender el idioma de ellos. ¿No es así?

– Resulta difícil de decir.

– Quizá los extra-terrestres se sientan más cómodos si se encuentran con un hombre de avanzada que pertenezca a una de nuestras minorías étnicas -dijo el hombre de la Casa Blanca-. De todos modos, es una posibilidad. Piénselo.

Norman prometió que lo pensaría.

El enlace con el Pentágono, un general de División, llevó a Norman a almorzar y, durante el café, le preguntó, como de pasada:

– ¿Qué clase de armamento cree usted que pueden tener estos seres?



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