
El piloto catalogó los barcos:
– Los destructores están en el exterior, con objeto de dar protección; más adentro, los ALV, que quiere decir Apoyo Lejano para Vehículos, son para los robots; después vienen los AAM, Abastecimiento y Apoyo para la Misión, y los BIEO, en el centro.
– ¿BIEO?
– Barcos de Investigación y Exploración Oceánicas. -El piloto señaló las naves blancas-: El John Hawes, a babor, y el William Arthur, a estribor. Nos posaremos en el Hawes.
El piloto describió un círculo alrededor de la formación de naves, y Norman pudo ver lanchas que iban y venían veloces entre los barcos y dejaban estelas blancas sobre el azul intenso del agua.
– ¿Y todo esto porque cayó un avión?
– Bueno -dijo el piloto con una amplia sonrisa-, nunca mencioné ningún accidente de avión. Le agradeceré que revise su cinturón de seguridad: estamos a punto de descender.
BARNES
La claraboya roja se hizo más grande y se deslizó por debajo al posarse el helicóptero. Norman estaba manipulando con torpeza la hebilla de su cinturón de seguridad, cuando un oficial uniformado de la Armada corrió hacia ellos y abrió la portezuela:
– ¿El doctor Johnson? ¿Norman Johnson?
– Así es.
– ¿Trae equipaje, señor?
– Sólo esto.
Norman buscó detrás de él y sacó su bolso. El oficial lo cogió.
– ¿Instrumentos científicos o cosas así?
– No. Eso es todo.
– Por aquí, señor. Mantenga la cabeza baja, sígame y no pase por la parte posterior del helicóptero, señor.
Norman bajó de la cabina, agachándose por debajo de las palas. Siguió al oficial y ambos salieron de la plataforma de aterrizaje y bajaron una estrecha escalera. El pasamanos metálico estaba caliente al tacto. Detrás de Norman, el helicóptero despegó y el piloto le hizo un ademán de despedida. Una vez que el aparato se hubo alejado, notó que el aire del Pacífico estaba inmóvil y era brutalmente cálido.
