
– ¡Sí, señor! Estamos trabajando en eso, mi capitán.
– ¿Qué ha sido esta vez?
– Fusibles quemados en Enfermería dos de VOR, señor.
– Creí que habíamos agregado líneas adicionales a Enfermería dos.
– Parece que sí. Pero, de todas maneras, se sobrecargaron, señor.
– ¡Quiero eso reparado ahora, Emerson!
– Esperamos resolverlo pronto, señor.
La puerta se cerró; Barnes volvió a sentarse en su silla. Norman oyó su voz en la oscuridad:
– No es culpa de ellos, en realidad -dijo el capitán-. Estas naves no están construidas para la clase de carga eléctrica que les aplicamos ahora y… ¡ah, vamos!
Las luces se volvieron a encender. Barnes sonrió: -¿Dijo usted que quería café, doctor Johnson?
– Sin azúcar, por favor -pidió Norman.
Barnes le sirvió una taza.
– De todos modos, me alivia saber que no habló con nadie. En mi profesión, doctor Johnson, la seguridad es la preocupación principal…, en especial en algo como esto. Si se corre la voz respecto a este sitio, tendremos toda clase de problemas. Y ahora hay tanta gente que interviene… Demonios, CompacCinc ni siquiera quiso darme destructores, hasta que empecé a hablar sobre el reconocimiento por parte de los submarinos soviéticos: acto seguido conseguí cuatro destructores y después, ocho.
– ¿Reconocimiento por parte de submarinos soviéticos? -preguntó Norman.
– Eso es lo que les dije en Honolulú. -Barnes le dirigió una amplia sonrisa-. Es parte del juego para lograr lo que se necesita en una operación como ésta. En la Armada moderna hay que saber cómo tiene que hacerse la solicitud de equipo. Pero los soviéticos no van a aparecer, por supuesto.
– ¿No lo harán?
Norman percibía que se le escapaban los supuestos que estaban detrás de la conversación, y estaba tratando de recuperar el terreno perdido.
– Es muy poco probable. Claro que saben que nos hallamos aquí; nos descubrieron con sus satélites hace por lo menos dos días, pero estamos emitiendo un flujo continuo de mensajes descifrables, relativos a nuestros ejercicios de Búsqueda y Rescate en el Pacífico Sur.
