
– Mi habitación, milady, se encuentra en el ala este. Otra habitación está preparada en esa ala para el ayuda de cámara de Su Gracia.
Antonia se estremeció ante la información, pero trató de no demostrarlo. También se abstuvo de decir inmediatamente que ella había traído una cama pequeña en el vestuario para que su doncella pudiera dormir allí. Se negó a parecer tontamente nerviosa o demasiado preocupada por su reputación. Podría haber protestado en Londres ante un arreglo tan impropio, pero esto no era Londres. Y nadie en la ciudad probablemente escucharía la noticia de lo que pasara en esta parte aislada de Gales.
Su voz, por lo tanto, fue una obra maestra de la despreocupación.
– En cuanto a la elección de que nosotros dos nos acomodáramos en esta ala, la abuela sólo desea mostrar su renovación, eso es todo.
– Entonces, ¿por qué la habitación de Su Señoría está ubicada en el ala norte?
Cuando Plimpton utilizaba el título: "Su Señoría" siempre se refería a la madre de Antonia, Lady Sophia Wingate.
– Porque la abuela quería a alguien cerca de su propia habitación -dijo Antonia.
Plimpton bufó.
– Me atrevería a decir. Y me atrevo a decir que Lady Ware nunca pensó en el frío de su café de la mañana y que el agua de la bañera le llegará después de haber sido arrastrada por tres tramos de escaleras y a lo largo de dos corredores. Usted no está acostumbrada a un servicio tan vejatorio y tampoco, me atrevo a decir, el duque.
Lo hacía sonar un poco complicado, pensó Antonia.
– Tendremos que sacar el mejor provecho posible de esta situación -dijo ella finalmente-. Es sólo por unos cuantos días, después de todo.
– Unos cuantos días, ¿no? Estuve hablando con el señor Tufffet justo después de que llegamos, milady, y él ha servido aquí en el castillo cerca de cuarenta años, dice que cuando llega el invierno, como hoy, viajar es impensable por varias semanas.
