
– Este tiempo no me viene nada bien -murmuró al banco de nubes que se acercaban. Descendió un poco, por debajo del nivel de las nubes, de vuelta hacia la montaña. En ese momento, sobrevoló la cumbre del Glaciar Kahiltna, un lugar seguro donde aterrizar con aire respirable a tres mil cuatrocientos diez metros. De pronto, un destello de color brilló en una fachada de hielo delante de él. Se quedó mirando fijamente el sitio en el glaciar, y al entrecerrar los ojos distinguió una tira de tela azul brillante.
A medida que iba descendiendo por el glaciar, el pedazo de azul se convirtió en una mochila medio enterrada en la nieve. Entrecerró los ojos y vio una cuerda trazando el camino que se adentraba en la sombra de una grieta profunda.
Joe desenganchó la radio.
– Rescate Denali, aquí Piper tres, seis, tres, nueve, Delta Tango. Creo que la tenemos. Está muy al oeste de la ruta usual en la parte baja del glaciar. Parece como si se hubiera caído en una hendidura. Debe de estar atada, pero no la veo. Corto.
Sonó un poco de ruido antes de reconocer la voz de Skip.
– Tres, nueve Delta, aquí siete, cuatro Foxtrot. ¡Buena vista! Yo estoy detrás de tu ala izquierda.
– Bajaré a buscar hasta que llegue el equipo de rescate del parque. Corto.
– Colega, ése es un aterrizaje apurado. Yo la encontré, y yo la sacaré.
– Tú apóyame y ya está. Voy a bajar. Tres, nueve, Delta. Corto.
Joe se desvió hacia el este, y trazó un amplio círculo alrededor de la alpinista perdida. Una y otra vez pasó por encima del campo de hielo, ascendiendo y descendiendo mientras determinaba el estado del terreno y memorizaba cada bache, cada agujero en el hielo. El pulso le latía en la cabeza mientras realizaba el descenso, con los ojos fijos en un punto en la montaña por encima de él. Un instante después, sintió que los esquís que iban fijados a las patas del avión tocaban tierra, y apagó el motor. El avión subió la cuesta hasta que ya no pudo avanzar más; entonces Joe lo maniobró y le dió la vuelta de modo que el aparato quedó apuntando hacia abajo, listo para despegar por los mismos surcos que había dejado en la nieve al aterrizar.
