Su reacción fue entonces mucho más inteligente que la que había tenido en sus tiempos de instituto: volvió corriendo a devolverla y se dirigió a la oficina de ayuda sociopsicológica de Northwestern.

De pronto Phoebe se puso en pie e interrumpió los pensamientos de Molly:

– Y la última vez…

Molly dio un paso atrás, aunque de hecho ya sabía a donde iba a ir a parar Phoebe.

– … la última vez que te hiciste algo drástico en el pelo, ese horroroso corte de pelo al rape, hace un par de años…

– No era horroroso, era la moda.

Phoebe apretó los dientes.

– ¡La última vez que te hiciste algo tan drástico, te desprendiste de quince millones de dólares!

– Vale… Pero lo del pelo al rape fue pura coincidencia.

– ¡Ja!

Por quincemillonésima vez, Molly explicó por qué lo había hecho.

– El dinero de Bert me estaba estrangulando. Tenía que romper definitivamente con el pasado para poder vivir mi propia vida.

– ¡Una vida de pobre!

Molly sonrió. Aunque Phoebe no lo admitiría nunca, comprendía perfectamente por qué Molly había donado su herencia.

– Míralo por el lado positivo. Apenas nadie sabe que me desprendí de mi dinero. Sólo creen que soy una excéntrica por conducir un Escarabajo de segunda mano y vivir en un piso pequeño como una caja de zapatos.

– Un piso que tú adoras.

Molly ni siquiera intentó negarlo. Su loft era su posesión más preciada, y le encantaba saber que se ganaba el dinero con el que pagaba la hipoteca cada mes. Sólo alguien que hubiera crecido sin un hogar que fuera auténticamente suyo podía comprender lo que significaba para ella.

Decidió cambiar de tema antes de que Phoebe volviera a la carga.



11 из 384