
– Sí, deberías -Ellen le obligó a sentarse en una silla. Él, asombrado, cedió-. Siéntate, Jock, y cállate y escucha.
– Pero…
– Ni una palabra más hasta que acabe -Ellen estaba furiosa-. En primer lugar, Tina es una chica estupenda. Y no sabes por lo que ha tenido que pasar…
– Yo no…
– Silencio, doctor Blaxton. En segundo lugar, Rose Maiden no es la hija de Tina. Así que no es extraño que te abofeteara al acusarla de ser la irresponsable madre de una niña ilegítima. ¡Después de lo que está haciendo por ella! Y la acusas de promiscuidad…
– Le vi besando a Harry Daniel en…
– Ya lo sé. Bárbara me lo dijo. Y también me dijo que tú parecías celoso. Tina y Harry han sido amigos íntimos desde pequeños y Harry va a casarse el mes próximo con Mary, la mejor amiga de Tina en el instituto. Así que no creo que sea promiscua por besar a ese hombre.
– Pero si Rose no es hija de Tina…
– Ya te dije que Rose era hija de la hermana de Tina.
– Y entonces, ¿por qué no cuida la hermana de su propia hija?
– No puede. Christie fue internada en un hospital de Sydney hace una semana por agotamiento y depresión posparto.
– No…
– ¿No qué? ¿No te lo crees? Tú prefieres pensar que Tina es una frívola y una promiscua. ¿Es eso? -protestó Ellen-. Y yo que pensé que eras un buen hombre… Me avergüenzo de ti y tu madre se revolvería en la tumba si pudiera ver en lo que te has convertido.
Ellen se dio la vuelta y se marchó.
– ¡Ellen!
La voz de Jock, la desesperación en ella, hizo que Ellen se detuviera.
– Ellen, creo que es mejor que me digas lo que está pasando. De acuerdo -continuó, mientras ella se daba la vuelta-, puede que me haya hecho una opinión equivocada, pero… si supiera qué es lo que pasa…
– Doctor Blaxton, no es asunto mío…
– Ellen.
– ¿Sí?
– Siéntate. Y ahora cuéntamelo todo, por favor. ¿Quién es la hermana de Tina?
