Ellen dio un suspiro. Puede que no todo estuviera perdido. Puede que si ella hiciera un esfuerzo…

– La hermana de Tina se llama Christie Maiden. Vive fuera de la ciudad, en una granja.

– Entiendo -mintió él-. O sea que Christie tuvo una hija, Rose, aquí hace cinco semanas.

– Sí.

– Eso debió de ser mientras yo estaba de vacaciones en Londres.

Seguía sin entenderlo. Como único obstetra del distrito conocía a todas las mujeres embarazadas, o eso pensaba. Y nunca había oído hablar de esa tal Christie Maiden.

– Entonces… la debió de atender en el parto Henry Roddick, ¿no es así?

Era el médico a quien él había pagado una fortuna para que se encargara de todo mientras él estaba fuera.

– Si tú no la atendiste, me imagino que fue Henry -replicó Ellen-. Yo imaginé que habías sido tú. Eso es lo que me dijo Tina, pero yo también estaba fuera.

– Pero… -Jock hizo un gesto con la cabeza-. Si tuvo el niño aquí, si Christie es alguien de aquí, ¿cómo es que no la conozco? Yo estuve sólo dos semanas fuera. ¿Cómo es que no le hice las revisiones normales?

– Puede que no se hiciera ninguna -dijo Ellen-. Tuvo problemas desde el comienzo.

– ¿Por qué?

Ellen se encogió de hombros y dio un suspiro. Luego extendió las manos.

– Es una larga historia.

– Puedes intentar contármela.

– La verdad es que no lo sé todo, pero creo que…Tina dice que el marido de Christie se marchó cuando estaba de dos meses. Vivían en una granja como a diez kilómetros de la ciudad y apenas hay casas alrededor. Ya tenían dos hijos, uno de cuatro y otro de dos. En lugar de buscar ayuda, Christie trató de salir adelante ella sola. Casi nadie en la ciudad se enteró de que Christie estaba embarazada. Yo tampoco. Nadie la vio.

– Pero terminó viniendo aquí.

– Eso creo.

– ¿Tenemos el historial?

– Estará en el archivo. Puedes buscarlo si quieres.



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