– ¿No crees que me interesa? -preguntó Jock, con el ceño fruncido-. ¿Crees que me da igual?

– Yo no he dicho eso.

– Pero lo crees y desapruebas mi reacción. ¿Por qué no me lo contaste desde el principio? ¿Y ahora por qué se ha ido Tina?

– Ella está cuidando de los niños. Buscó este trabajo porque estaba preocupada por su hermana que, efectivamente, tuvo que ingresar en el hospital. Así que Tina se ha quedado a cargo de los otros dos. Me imagino que Tina está pagando a una chica para que la ayude y poder dormir algo durante el día, pero esa chica no puede quedarse por la noche, de manera que Tina se trae aquí a Rose.

– ¿Y quién más lo sabe?

– Sólo las enfermeras de guardia.

– ¿Y Gina y Struan?

– No. Saben por qué Tina volvió, pero no saben que trae a Rose al hospital.

– ¿Por qué no?

Ellen se encogió de hombros.

– Christie no estaba en el hospital todavía cuando ellos se marcharon. Además Tina no quiere que mucha gente sepa que su hermana necesita tratamiento psiquiátrico. Esta es una ciudad pequeña donde se juzga mucho a las personas. Bueno, quizá no mucho, pero Christie tiene miedo de que a raíz de esto la puedan considerar una enferma mental. Al parecer ni siquiera quiso que la atendieran aquí, Tina la tuvo que llevar a Sydney.

– ¡Diablos!

– Es cierto. ¿Lo crees? Y tú lo has puesto mucho peor. Y ahora, si me disculpas, será mejor que me vaya. Si quieres que te llame a la agencia de interinos antes de irme…

– Déjalo -contestó Jock pensativo-. ¿Podrías…? ¿Podrías pedir a Tina que volviera al hospital? ¿Decirle que entiendo lo de la niña?

– No.

– ¿Por qué no?

– Porqué si quieres que vuelva, creo que tendrás que ser tú quien se lo pida. Ella es muy orgullosa y tú la echaste, Jock. Tú lo solucionas.


Eran las cinco de la tarde cuando Jock llegó a la granja de la hermana de Tina. Había encontrado la dirección en su historial médico, pero no estaba bien detallada. Así que le fue difícil llegar y al hacerlo, tampoco estaba seguro de haber llegado al lugar correcto.



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