
Hubo un silencio prolongado. Se oyó el grito de un pájaro procedente de los árboles que rodeaban la casa. Pareció una acusación. El mundo entero parecía acusar a Jock Blaxton.
Quizá el pájaro tuviera razón. Quizá Tina tuviera razón. ¡Maldita sea! Jock se sintió horriblemente culpable. Puede que no fuera tan responsable como Tina creía, pero era suficientemente responsable. Él necesitaba unas vacaciones y había contratado a Henry Roddick sin conocer bien su profesionalidad.
– Tina, yo no atendí a tu hermana en el parto -dijo con suavidad-. Yo estaba fuera. ¿De verdad te dijo ella que fui yo quien la atendió?
Tina abrió los ojos de par en par.
– Eso es una locura. Sí, me habló del doctor Blaxton…
– ¿Estás segura de que no sabía que el médico que le correspondía era yo y me tomó por tanto por el doctor Roddick? Si estaba tan mal, puede que no escuchara bien el nombre del doctor que la estaba atendiendo.
– No… -Tina estaba pálida-. Creo…
– Tina, fue el doctor Roddick quien atendió a tu hermana. Después de que Ellen me contara que Rose era la hija de tu hermana, busqué el historial de tu hermana. Yo nunca vi a Christie. No vino a verme ni siquiera una vez durante el embarazo. De acuerdo a las notas de Henry, no había ninguna ficha de ella. El parto fue una sorpresa para Henry. Fue un parto normal y le dio el alta veinticuatro horas después. El no encontró ningún motivo para que no se marchara.
Tina estaba con la boca abierta y los ojos le ocupaban prácticamente toda la cara.
– Quiere decir… que no fue usted.
– Así es.
– ¡Oh, no!
– Creo… que los dos hemos cometido una injusticia -dijo Jock-. Deberíamos empezar de nuevo y aclarar lo que pasó.
Los ojos de Tina se cerraron momentáneamente. Luego los abrió despacio.
– Pero… le hice estar toda la noche trabajando. Tenía una mujer de parto y el resto de los pacientes. Tiene que estar agotado…
