
La siguió dentro de la casa observando el cuerpo de Tina. Estaba muy guapa en vaqueros y descalza. Allí en la casa, con o sin bebé, estaba maravillosa.
El interior de la casa era como el exterior. La pobreza era visible en cada ángulo. Jock se detuvo en la puerta de la cocina y miró a su alrededor. Se notaba que Tina debía intentar mantenerla ordenada. La casa estaba limpia, pero era lo único que se podía decir de ella. Los muebles eran escasos. Había una mesa o algo parecido, pero sin sillas a su alrededor. El suelo hacía tiempo que había perdido el linóleo que lo había cubierto en algún momento y era de madera desnuda.
El único toque de color lo daba una jarra de cristal que había sobre la mesa. Era un color rojo fuerte que hacía juego con el cabello de Tina. Ésta se fijó en que Jock miraba la jarra.
– Cambiamos las rosas cada mañana -dijo, acariciando a Rose sin darse cuenta-. Me hace sentirme bien.
– ¿Por qué…? ¿Por qué está viviendo tu hermana en un sitio como éste? Es espantoso. No creo que tenga necesidad de ello. Hay asistentes sociales que podrían ayudarla. Le darían por lo menos algunos muebles.
– Lo harán. Ahora sí, antes no pudieron.
– ¿Puedo preguntar por qué?
Tina se encogió de hombros. Llenó un cazo con agua y lo puso al fuego. Luego colocó un plato con fruta sobre la mesa y se sentó frente a Blaxton.
– Por el orgullo de mi hermana. Siempre ha sido testaruda y muy fuerte, además de orgullosa. Sólo que ahora… el marido de Christie tuvo una aventura con otra mujer -declaró Tina, mirando a Jock a los ojos-. Con una adolescente. Christie lo descubrió cuando estaba embarazada de dos meses. Ray, el marido, quiso que abortara, a pesar de que antes sí que había querido tener otro niño.
– ¿Y ella se negó?
– Por supuesto que se negó -Tina miró a la niña, como si el pensamiento fuera horrible.
Y lo era. Tina sonrió a la pequeña y se inclinó para darle un beso en la cabeza.
