
– Christie quería esta niña. Ama a sus hijos. Ama… a Ray.
– ¿Entonces?
– Entonces Christie se marchó unos días con los niños, para pensar a solas. Pero fue una estupidez. Mí hermana debió de creer que Ray iba a asustarse e ir detrás de ella, pero no lo hizo. Cuando finalmente volvió, Ray se había llevado todas las cosas. Vendió todo lo que tenía valor, hasta las alfombras del suelo. Se llevó todo el dinero del banco y las tarjetas de crédito. Se llevó hasta las bombillas.
– Oh, no…
– Y Christie, en vez de pedir ayuda, simplemente se quedó asustada -continuó Tina con tristeza-. Nuestros padres murieron hace unos años. Yo estaba en Brisbane trabajando y ella no me dijo nada.
– Pero debiste enterarte.
– ¿Cómo podía enterarme? Yo estaba ocupada con mi propia vida, con la carrera y pensaba que… Christie ni siquiera me contó que esperaba un hijo. No la había visto desde navidades. La llamé y ella me habló con total normalidad de Ray y de los niños, como si nada hubiera pasado.
– ¿Y qué hizo para conseguir dinero?
– No lo sé. Creo que ni siquiera se puso en contacto con los asistentes sociales para pedir una ayuda. Tiene las gallinas y la vaca, así que los niños podían tener, por lo menos, huevos y leche. No acudió a los vecinos y los pocos amigos que tiene tampoco se enteraron. Ella estaba muy avergonzada…
Jock cerró los ojos, pensativo. Una mujer sola embarazada luchando contra una vida que se había roto en pedazos. Christie habría necesitado un doctor, pero ni siquiera él pudo atenderla en el parto.
– Y luego tuvo a Rose.
– Entonces sí se vio obligada a pedir ayuda -la voz de Tina era triste y Jock imaginó que se estaba culpando por no haber estado a su lado. Por no haber imaginado que pasaba algo-. No tenía coche, lo habían comprado y no tenían dinero para pagar las letras. Así que cuando se puso de parto, tuvo que caminar hasta el próximo pueblo para pedir ayuda. Las gentes del pueblo no son particularmente amables, pero cuando vieron el estado en que estaba Christie… Después, cuando Rose tenía dos semanas, me llamó por fin diciéndome que me necesitaba.
