
– Y viniste.
Jock miraba fascinado el rostro de Tina.
– Sí, y me encontré a Christie al borde de la muerte -continuó. Y Jock supo que estaba viendo a su hermana en ese momento-. Christie daba de comer a los niños, pero era lo único que podía hacer. Apenas hablaba y no comía. Intenté llevarla al hospital de aquí, pero ella se negó. Así que la llevé a Sydney.
– ¿Sin el bebé?
– No había problema en que ingresara en el hospital con Rose, pero ella necesitaba estar sola. Necesitaba tiempo para recuperarse y comenzar a pensar en su futuro. Tiempo para descubrir que es posible vivir después de lo que tuvo que sufrir.
– Tiempo para descubrir que se puede vivir con orgullo -añadió Jock.
Tina lo miró.
– Veo que lo entiendes -dijo sorprendida.
Lo observó y sintió una necesidad terrible de cariño. Había estado sola con todo aquello durante tanto tiempo y ahora… Ahora el consuelo le llegaba desde donde menos lo esperaba.
Mucho más que consuelo. Un sentimiento de… Un sentimiento que no entendía. Como si ese hombre fuera parte de sí misma.
– Es solo que… es una locura -dijo, tratando de calmarse-. Pero Christie ha sido siempre tan fuerte… Siempre ha sido una persona dinámica y activa. Pero esto la ha destrozado, la ha derrumbado. Está tan enferma…
– ¿Cuánto tiempo estará en el hospital?
– Quizá la pueda traer a casa la semana que viene. Los niños y yo iremos a verla el domingo -Tina dudó un momento-. Aunque creo que podremos ir antes, ahora que no tengo trabajo.
– Sí que tienes trabajo -Jock agarró la mano de ella entre las suyas, estremeciéndose al darse cuenta de lo delicada que era su piel-. Diablos, Tina, ¿por qué no se lo dijiste a nadie?
– Sí que lo hice -replicó ella, mirando sus manos entrelazadas. Luego apartó la suya lentamente, al darse cuenta de que llevaban juntas demasiado tiempo-. Se lo dije a Ellen, a Struan y a Gina. Sabía que a Christie no le iba a gustar, pero esa gente tenía que conocer la verdad.
