
– ¿Ha dicho «respetado»? -soltó Alvin-. ¡Pero si tú sólo escribes sobre Bigfoot y la leyenda de la Atlántida!
– ¡Chis! -siseó Nate, alzando un dedo sin apartar los ojos de la televisión-. Estoy intentando escuchar la entrevista. Podría ser muy importante para el futuro laboral de Jeremy.
Como agente de Jeremy, Nate procuraba siempre promover eventos que «pudieran ser importantes para el futuro laboral de Jeremy», porque sabía que el trabajo por cuenta propia no resultaba nada lucrativo. Unos años antes, cuando Nate estaba empezando, Jeremy le había presentado una propuesta para editar un libro, y desde entonces habían continuado trabajando juntos, simplemente porque se habían convertido en buenos amigos.
– ¡Anda ya! -soltó Alvin, haciendo caso omiso de la amonestación.
Mientras tanto, en la pantalla situada justo detrás de Diane Sawyer y Jeremy se podían ver los momentos estelares de la actuación de Jeremy en el espectáculo televisivo en directo, en el que fingió ser un hombre desconsolado por la trágica muerte de su hermano cuando éste todavía era un chiquillo, un niño al que Clausen proclamó estar canalizando porque deseaba enviarle un mensaje desde el más allá.
– Está aquí, conmigo -anunció Clausen-. Te pide que le dejes marchar, Thad.
La cámara cambió de plano para capturar la mueca de angustia de Jeremy, con las facciones contorsionadas. Clausen asintió nuevamente, como si sintiera pena por el invitado o como si estuviera estreñido, dependiendo de la perspectiva.
– Su madre jamás cambió la habitación, esa habitación que los dos compartían. Ella insistió en mantenerla tal y como estaba, y usted tuvo que continuar durmiendo allí, solo -continuó Clausen.
