Con faldas sofisticadas y zapatos con tacones vertiginosamente altos, sorbían su martini impasiblemente, simulando no prestar atención a los hombres que copaban el local. Por su parte, Jeremy había puesto el ojo en una llamativa pelirroja, que estaba de pie al otro extremo de la barra y parecía mirar hacia la dirección donde se hallaba él. Se preguntó si lo habría reconocido de los anuncios de la televisión, o si simplemente estaría buscando un poco de compañía. La mujer se dio la vuelta, aparentando una absoluta falta de interés hacia él, pero de repente volvió a girarse y miró insistentemente en la misma dirección. Esta vez mantuvo la mirada un poco más de tiempo, y Jeremy se llevó la jarra de cerveza a los labios.

– ¡Vamos, Jeremy, presta atención! -dijo Nate al tiempo que lo zarandeaba por el brazo-. ¡Estás saliendo por la tele! ¿No quieres ver tu magistral intervención?

Jeremy dio la espalda a la pelirroja. Levantó la vista y la fijó en la pantalla, entonces se vio sentado delante de Diane Sawyer. Qué sensación tan extraña, como estar en dos lugares a la vez. Todavía no se lo acababa de creer. A pesar de llevar tantos años trabajando en los medios de comunicación, nada de lo que le había pasado en las tres últimas semanas parecía real.

En la pantalla, Diane lo estaba presentando a la audiencia como «el periodista científico más respetado de todo el país». La historia a la que había dedicado varios meses no sólo había colmado todas sus expectativas, sino que además Nate se había dedicado a halagar la labor periodística de Jeremy durante una entrevista con Primetime Live, y el programa televisivo Good Morning America había mostrado un inesperado interés por él. Aunque muchos periodistas consideraban que la televisión era un medio de comunicación no tan prestigioso como otras formas «más serias» de información, no por ello dejaban de ver la tele en secreto y de apreciarla por su importancia, al menos por los enormes beneficios económicos que reportaba. A pesar de las felicitaciones, se podía notar cierta envidia en la atmósfera cargada del local, una sensación tan desconocida para Jeremy como un viaje a la luna. Después de todo, los periodistas de su clase no gozaban de una espectacular popularidad…, al menos hasta entonces.



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