– Sí -dijo Jeremy entre jadeos.

– Pero a usted le aterraba esa habitación, y en un momento de ira, cogió algo que pertenecía a su hermano, algo muy personal, y lo enterró en el jardín situado en la parte posterior de su casa.

– Sí -acertó a decir Jeremy de nuevo, como si estuviera tan emocionado que no pudiera pronunciar ninguna palabra más.

– ¡Sus retenedores dentales!

– ¡Ooohhhhhhh…! -Jeremy soltó un grito desgarrador y se cubrió la cara con las manos.

– Quiere que sepa que no le guarda rencor, y que él está bien, en paz. No, no está enfadado con usted…

– ¡Ooohhhhhhh…! -Jeremy volvió a rugir, contorsionando su rostro todavía más.

En el bar, Nate miraba las imágenes con fascinación, totalmente concentrado. Alvin, en cambio, no podía parar de reír mientras sorbía tragos de su jarra de cerveza.

– ¡Dadle un Oscar a este magnífico actor! -exclamó Alvin.

– No me dirás que no fui convincente -apuntó Jeremy entre risas.

– ¡Callaos de una vez! Lo digo en serio. No quiero volveros a avisar; guardaos vuestras ironías para cuando pongan los anuncios -los increpó Nate.

– ¡Anda ya! -volvió a decir Alvin. Era su expresión favorita.

En Primetime Live, la pantalla situada detrás de la presentadora se quedó de color negro y el cámara enfocó a Diane Sawyer y a Jeremy, que estaban sentados el uno frente al otro.

– ¿Así que nada de lo que Timothy Clausen dijo era verdad? -preguntó Diane.

– Nada. Ni una sola palabra -repuso Jeremy con firmeza-. Como ya le he contado, no me llamo Thad, y si bien tengo cinco hermanos, todos están vivos y gozan de muy buena salud.

Diane sostenía un bolígrafo sobre un trozo de papel, como si estuviera a punto de tomar notas.

– ¿Y cómo lo hizo Clausen?

– Bueno, Diane -empezó a decir Jeremy.

En el bar, Alvin enarcó la ceja en la que lucía un pirsin. Se inclinó hacia Jeremy y comentó:



11 из 344