
– Bueno, pero estaremos en contacto, ¿verdad? No harás como la vez que te esfumaste del mapa por culpa de aquella historia sobre la panda de chalados que se hacían llamar Los Siervos Sagrados, ¿no?
Se refería a un artículo de seiscientas palabras que Jeremy había preparado para Vanity Fair sobre una secta religiosa; en dicha ocasión, Jeremy cortó toda comunicación durante un período que se prolongó hasta tres meses.
– Estaremos en contacto -aseveró Jeremy-. Esta historia no es como aquélla. Regresaré antes de una semana, te lo prometo. Sólo son habladurías sobre unas luces misteriosas que aparecen durante la noche en un cementerio abandonado; nada excepcional.
– Vale, pero recuerda que te he concertado una entrevista con la revista People para el lunes que viene. No me falles ¿eh?
– Oye, ¿ no necesitarás un cámara, por casualidad? -intervino Alvin.
Jeremy lo miró con interés.
– ¿Por qué? ¿Acaso quieres venir?
– ¿Por qué no? No estaría mal escaparme unos cuantos días al sur durante el crudo invierno de Nueva York. Igual me encandilo de una bella sureña mientras tú realizas tus investigaciones. Me han dicho que las chicas del sur son capaces de volver loco a cualquier hombre, pero en el buen sentido, ¿eh? Sería como disfrutar de unas vacaciones exóticas.
– ¿No tenías que filmar un material para Ley y orden la próxima semana?
A pesar de su extravagante apariencia, Alvin gozaba de una excelente reputación como cámara, y los productores solían pelearse siempre por sus servicios.
– Sí, pero es un trabajo corto. Habré terminado antes de que acabe la semana -repuso Alvin-. Y mira, si finalmente te tomas en serio lo de salir por la tele tal y como Nate te pide que hagas, podría ser interesante contar con algunas imágenes de esas misteriosas luces.
– Bueno, eso si realmente existen -apostilló Jeremy
