
Pero el príncipe del Senado, Escauro, había burlado al menos habilidoso Mario durante los debates en el Senado sobre la segunda ley, haciéndole admitir que cabía la posibilidad de que las dos leyes de Saturnino pudieran no ser válidas. En tal coyuntura, Saturnino, hasta entonces absolutamente leal a Mario, se volvió contra él y contra el Senado, y comenzó a urdir la ruina de ambos.
Por desgracia para Mario, su salud le jugó una mala pasada en aquellas circunstancias, y un infarto le obligó a retirarse de la palestra política durante unos meses, tiempo aprovechado por Saturnino para sus intrigas.
Estaba prevista la llegada de la cosecha de trigo a Roma en otoño, pero por los efectos de la sequía aquel año en todo el Mediterráneo, ésta fue escasa; por cuarto año el populacho romano sufría carestía y abusivos precios en el trigo, y Saturnino entrevió la oportunidad de convertirse en el Primer Hombre de Roma, no mediante el cargo de cónsul, sino el de tribuno de la plebe, para dirigir las masas que a diario se congregaban en el Foro para protestar de la escasez de grano. Saturnino presentó una ley sobre abastecimiento de trigo financiado por el Estado, no para ganarse a las clases bajas, sino, en realidad, a los comerciantes y a ciertos gremios cuyos negocios se veían amenazados; los votos de las clases bajas eran negligibles, mientras que los de comerciantes y gremios representaban una fuerza considerable para lograr su apoyo y derrocar al Senado y a Cayo Mario.
Casi recuperado del infarto, Mario convocó una reunión del Senado el primero de diciembre del 100 a. de J.C. para debatir lo que debía hacerse para contrarrestar las iniciativas de Saturnino, que ya pretendía presentarse por tercera vez al cargo de tribuno de la plebe, y hacer que su colega Glaucia lo hiciera al de cónsul. Ninguna de las candidaturas eran en puridad ilegales, pero la mayoría las desaprobaban por ir contra la costumbre.
