
En agosto había rechazado un papel que parecía bueno en una película importante. El director era excelente y el guionista había ganado varios Premios de la Academia por colaboraciones anteriores. Habría sido interesante trabajar con los demás actores. Sin embargo, cuando leyó el guión no le dijo nada en absoluto. No sintió ninguna atracción por él. Carole no quería volver a actuar si el papel no le encantaba. Vivía obsesionada por el libro, aún en su fase inicial, y ello le impedía volver al trabajo. En lo más hondo de su corazón sabía que antes tenía que escribirlo. Esa novela era la voz de su alma.
Cuando Carole comenzó por fin el libro, insistió en que no trataba de sí misma. Solo al implicarse más en él se dio cuenta de que en realidad era así, pues la protagonista compartía muchas facetas con Carole. Cuanto más se enredaba esta con el libro, más difícil le resultaba escribirlo, como si no pudiese soportar enfrentarse a sí misma. Llevaba semanas bloqueada de nuevo. La historia versaba sobre una mujer madura que hacía balance de su existencia. Ahora se daba cuenta de que el libro tenía mucho que ver con ella y con su vida, con los hombres que había amado y las decisiones que tomó.
