
Después de la medianoche los bomberos y la policía informaron a los periodistas que creían haber sacado del túnel a todos los supervivientes. Pasarían varias horas más antes de que pudiesen apagar el fuego y sacar los cadáveres atrapados dentro de los vehículos y entre los escombros. Dos bomberos habían muerto por la explosión de otros coches mientras trataban de rescatar a las víctimas, y los gases y las llamas habían hecho flaquear a varios miembros de los equipos de rescate, así como a los auxiliares sanitarios que intentaban ayudar a la gente o atenderla en el lugar donde había quedado atrapada. Habían muerto hombres, mujeres y niños. Era un espectáculo dantesco. Muchas de las víctimas salían vivas pero inconscientes y las enviaban a cuatro hospitales distintos que habían dotado con personal médico adicional. Dos centros de quemados se hallaban desbordados y derivaban a la gente con quemaduras menos graves a una unidad especial situada en las afueras de París. Las tareas de rescate habían estado coordinadas de modo impresionante, como dijo uno de los locutores de los informativos. Tras un atentado terrorista de esa naturaleza no se podía hacer más. La fuerza de las bombas utilizadas había arrancado varias secciones de las paredes del túnel. Viendo la feroz negrura del humo y el incendio que aún se extendía con furia en el túnel era difícil creer que hubiese habido supervivientes.
