Carole había acabado aterrizando en un pequeño hueco del túnel, que, por pura suerte, la había protegido a medida que avanzaba el fuego. Fue una de las primeras víctimas encontradas por los bomberos. Tenía una profunda herida en una mejilla, un brazo roto, quemaduras en ambos brazos y en la cara, así como una grave lesión craneal. Se encontraba inconsciente cuando la sacaron en camilla y la dejaron en manos de los médicos y auxiliares sanitarios del SAMU. Evaluaron rápidamente sus lesiones, la intubaron para que no dejase de respirar y la enviaron al hospital de La Pitié Salpétrière, donde se hacían cargo de los peores casos. Sus quemaduras no revestían demasiada gravedad. Sin embargo, la lesión craneal podía ocasionarle la muerte. Estaba en coma profundo.

Comprobaron si llevaba algún documento que la identificase, pero no lo encontraron. No tenía nada en los bolsillos, ni siquiera dinero, aunque seguramente se le debían de haber vaciado al volar por los aires. Y si hubiese llevado bolso lo habría perdido cuando salió despedida del vehículo en el que viajaba. Era una víctima no identificada de un atentado terrorista. No llevaba absolutamente nada que pudiese servir para identificarla, ni siquiera la llave de su habitación del Ritz. Incluso su pasaporte estaba sobre su escritorio, en el hotel.

Carole abandonó la escena en una ambulancia con otro superviviente inconsciente que había salido del túnel desnudo y con quemaduras de tercer grado en todo el cuerpo. Los auxiliares sanitarios atendieron a ambos pacientes, aunque parecía poco probable que ninguno de ellos llegase vivo a La Pitié. La víctima quemada murió en la ambulancia. Carole estaba moribunda cuando la metieron a toda prisa en el hospital para llevarla a la unidad de traumatología. Había un equipo preparado, en espera de que llegasen los heridos. Las dos primeras ambulancias ya habían aparecido con cadáveres.



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