
El lunes siguiente Jason Waterman llamó a Stevie. Era el primer marido de Carole y el padre de sus hijos. Ambos se llevaban bien, pero no hablaban con frecuencia. Le dijo a Stevie que hacía una semana que trataba de comunicarse con Carole llamando a su teléfono móvil y que ella no había respondido sus mensajes. No había tenido mejor suerte cuando intentó llamar a su casa durante el fin de semana.
– Está de viaje -explicó Stevie.
Le había visto varias veces y él siempre se mostraba agradable con ella. Stevie sabía que Carole había mantenido una buena relación con él por sus hijos. Llevaban dieciocho años divorciados, aunque Stevie no conocía los detalles. Ese era uno de los escasos temas de los que Carole no quería hablar con ella. Solo sabía que se divorciaron mientras Carole rodaba una película en París, dieciocho años atrás, y que en los dos años siguientes ella se quedó en París con los niños.
– Lleva el teléfono móvil, pero no funciona en el extranjero. Se marchó hace casi dos semanas. No creo que tarde en tener noticias suyas.
Stevie tampoco había tenido noticias suyas desde la mañana en que llegó a París, diez días antes, pero Carole le había advertido que no se pondría en contacto con ella. Stevie suponía que debía de estar viajando por ahí o escribiendo y que no quería que la molestasen. A Stevie nunca se le pasaría por la cabeza la idea de importunarla. Esperaría a que Carole contactase con ella cuando le apeteciese.
