Jason entró a grandes zancadas en el hospital con su bolsa en la mano, confiando en que alguien hablase el inglés suficiente para ayudarle. El subdirector del Ritz le había dado el nombre de la jefa del servicio de traumatología. Jason se paró a hablar con la joven de recepción y le mostró la hoja de papel en que lo llevaba escrito. Ella respondió deprisa en francés y Jason le dio a entender que no comprendía ni hablaba el idioma. La joven señaló hacia el ascensor que se hallaba a sus espaldas y levantó tres dedos mientras pronunciaba las palabras«troisième étage». Tercera planta.«Réanimation», añadió. Aquello no le sonó bien. Era el término francés que indicaba la UCI. Jason le dio las gracias y se dirigió a toda prisa hacia el ascensor. Tenía ganas de acabar con aquello. Se sentía sumamente estresado y sufría palpitaciones. No había nadie en el ascensor, y cuando llegó a la tercera planta miró desorientado a su alrededor. Un cartel indicaba«Réanimation». Se dirigió hacia el cartel, recordando que esa era la palabra que había pronunciado la chica de la planta baja, y se encontró ante la recepción de una ajetreada unidad. El personal médico corría de acá para allá y se veían varios cubículos con pacientes de aspecto apagado en su interior. Los aparatos zumbaban y silbaban, los monitores pitaban, los enfermos gemían y el olor de hospital le revolvió el estómago tras el largo vuelo.

– ¿Hay alguien aquí que hable inglés? -preguntó con voz firme, aunque la recepcionista no dio muestras de entenderle-.Anglais. Parlez-vous anglais?

– Engleesh… one minute…

La mujer, que hablaba una mezcla de inglés y francés, fue a buscar a alguien. Apareció una doctora con bata blanca, pantalones de hospital, un gorro de ducha en la cabeza y un estetoscopio en torno al cuello. Tenía más o menos la edad de Jason y su inglés era bueno, lo que supuso un alivio para él, pues temía que nadie entendiese sus palabras y, lo que era peor, que él no entendiese lo que le decían.



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