
– ¿En qué puedo ayudarle? -le preguntó la doctora en voz alta y clara.
Él preguntó por la jefa del servicio de traumatología y la doctora le dijo que no estaba, aunque a cambio ofreció su ayuda. Jason explicó por qué estaba allí y se olvidó de añadir el «ex» delante de la palabra «esposa».
Ella le miró con atención. El hombre iba bien vestido y parecía respetable. También parecía muerto de preocupación. El pensó que debía de parecer un loco y explicó que acababa de llegar en el vuelo de Nueva York. Pero ella pareció entenderlo. Jason explicó que su esposa había desaparecido del hotel y que temía que pudiese ser la víctima no identificada.
– ¿Cuánto tiempo hace?
– No estoy seguro. Yo estaba en Nueva York. Ella llegó el día del atentado terrorista en el túnel. Nadie la ha visto desde entonces y no ha vuelto al hotel.
– Han pasado casi dos semanas -dijo ella.
La doctora parecía preguntarse por qué había tardado tanto en averiguar que su esposa había desaparecido. Era demasiado tarde para explicarle que estaban divorciados, puesto que se había referido a ella como su esposa, y tal vez fuese mejor así. No sabía qué clase de derechos tendrían los ex maridos en Francia en esos casos; seguramente ninguno, como en cualquier otra parte.
– Mi esposa estaba de viaje; puede que no sea ella. Espero que no. He venido para comprobarlo.
La doctora asintió con gesto de aprobación y luego le dijo algo a la enfermera de recepción, que señaló una habitación con la puerta cerrada.
La mujer le indicó que la siguiera y abrió la puerta de la habitación.
