
Ella evitó su roce apenas pudo, pero no hizo el gesto supersticioso y lo miró con ojos llenos de una curiosidad extraña y voraz. Hubo un tiempo en que esa fascinación abierta y llena de repulsión frente a las peculiaridades de su cuerpo obligaba a Miles a apretar los dientes; ahora sabía tomarla con un humor en él que apenas quedaba rastro de amargura. Ya aprenderían, todos ellos. Ya aprenderían.
—¿Es usted servidor del conde Vorkosigan, hombrecito? —le preguntó ella con cautela.
Miles pensó un momento.
—Sí —contestó al final. Después de todo, la respuesta era la verdad en todos los sentidos excepto en el que ella había hecho la pregunta. Refrenó la tentación de decirle que era el bufón de la corte. Por la mirada que había en esos ojos, era evidente que ella tenía problemas mucho más serios que los de Miles.
Aparentemente, no creía en su suerte, a pesar de la determinación que había demostrado en la puerta, porque mientras trepaban hacia lo que había sido su meta en ese viaje, un pánico creciente empalideció aún más sus rasgos, que casi parecían enfermos.
—¿Cómo… cómo le hablo? —se atragantó—. ¿Tengo que hacerle una reverencia… ? —Se miró como si se diera cuenta por primera vez de que la suciedad, el sudor y la delgadez la marcaban de arriba abajo.
Miles refrenó la tentación de bromear: Arrodillese y golpee tres veces el suelo con la frente antes de hablar, eso es lo que hace el personal general, y dijo:
—Simplemente, quédese de pie y diga la verdad. Trate de ser clara. Él le dirá qué hacer de ahí en adelante. Después de todo —Miles torció los labios—, no le falta experiencia.
Ella tragó saliva.
Hacía unos cien años, la residencia de verano de los Vorkosigan había sido una barraca para los guardias, parte de las fortificaciones externas del gran castillo construido sobre el risco, por encima del pueblo de Vorkosigan Surleau. Ahora el castillo estaba en ruinas y las barracas se habían transformado en una residencia baja y cómoda de piedra, modernizada y remodernizada, construida de acuerdo con el paisaje con cierto sentido artístico y rodeada de flores brillantes.
