
– ¿Sospechas que en realidad sólo quiere fumarse un cigarrillo?
Bajé la voz.
– Celine, la chica que se ha esfumado durante la pausa de hace cinco minutos, me está desafiando. Es una de las cabecillas de los South Side Pentas, y Theresa, una de sus seguidoras. Si Celine logra montar una pequeña reunión de la banda en el vestuario, tendrá el control del equipo. -Hice chasquear los dedos-. Por descontado, podrías acompañar a Theresa y tomar notas de todas las ideas y deseos de niña que comparte con Celine. Eso las animaría lo indecible, y así podrías informar sobre cómo son los lavabos de las escuelas públicas en el South Side de Chicago comparados con lo que hayas visto en Brixton y en Bagdad.
Love abrió mucho los ojos y me desarmó con su sonrisa.
– Perdón. Conoces bien a tu equipo. Pero pensaba que el deporte tenía como meta mantener a las chicas apartadas de las bandas.
– ¡Josie! ¡April! Dos filas, una lanza, otra al rebote, ya sabéis cómo va.
Vigilé hasta que las chicas formaron las filas y comenzaron a lanzar.
– Se supone que el baloncesto también sirve para que no se queden embarazadas -señalé con un ademán hacia las gradas-. Tenemos una mamá entre dieciséis adolescentes en un instituto donde casi la mitad de las chicas tienen bebés antes del último curso, así que está dando resultado para la mayoría de ellas. Y sólo tenemos tres miembros de bandas, que yo sepa, en el equipo. El South Side es el vertedero de la ciudad. De ahí que el gimnasio esté hecho una ruina, que la mitad de las chicas carezca de uniforme y que tengamos que suplicar para tener suficientes pelotas para entrenar como es debido. Se va a necesitar mucho más que baloncesto para mantener a estas chicas apartadas de las drogas, la delincuencia o una maternidad precoz, por no hablar de que no abandonen el instituto.
