– Mi padre observa las viejas maneras. Él no pediría ayuda a intrusos. Jamás. Y él no ha hablado conmigo desde que me repudió hace muchos años.

Rio retiró una piel bronceada de cuero de su mochila.

– Me dijo que tú no me creerías y me pidió que te diera esto. Dijeron que sabrías lo que significaba.

Los dedos de Conner se cerraron sobre la piel gruesa, abriendo unos surcos. Se quedó sin respiración. La garganta ardió en carne viva. Giró lejos de los otros y se paró en la puerta, aspirando el aire de la noche. Por dos veces abrió la boca pero nada salió. Forzó el aire en los pulmones.

– ¿Cuál es el trabajo?

– Lo siento -dijo Rio.

Todos supieron lo que la piel de leopardo significaba y por la manera en que Conner la sostenía contra él, no cabía duda de que conocía y amaba al propietario.

– Conner… hombre… -comenzó Felipe y entonces dejó que las palabras murieran.

– ¿Cuál es el trabajo? -repitió Conner sin mirar a ninguno de ellos. No podía. Sus ojos ardían como ácido. Se paró con la espalda hacia ellos, sosteniendo la piel de su madre contra el corazón, tratando de no permitir nada en su mente excepto el trabajo.

– Imelda Cortez ha decidido dirigir sus rutas de contrabando por la selva tropical. No puede utilizar a sus hombres porque no están acostumbrados al ambiente. Los caminos se convierten en barro, se pierden, los mosquitos se los comen vivos, e incluso los pequeños cortes se infectan. Ha perdido a varios de sus hombres por heridas, enfermedades y depredadores. Una vez en la profundidad de la selva, son fáciles de eliminar con dardos envenenados.

– Ella necesita la cooperación de los tribus de indios que ha estado aniquilando, pero no son demasiado cariñosos con ella -adivinó Conner.



11 из 405