– Correcto -dijo Rio-. Necesitaba convencerlos para que trabajaran para ella. Ha comenzado a tomar a sus niños y mantenerlos como rehenes. Los padres no quieren recuperar a sus niños en pedazos así que transportan sus drogas a través de las nuevas rutas donde es improbable que los agentes del gobierno los puedan rastrear o interceptar. Con los niños de rehenes, ella ha añadido la prima de no tener que pagar a sus mensajeros. -Rio sacó un sobre sellado de la mochila-. Esto vino para ti también.

Conner se giró entonces, evitando los ojos demasiado conocedores de Rio. Extendió la mano y Rio le puso el sobre en la palma.

– Necesitaré saber si tu padre cree que nuestra especie leopardo ha sido comprometida -dijo Rio-. ¿Los dos renegados que trabajan para ella le han rebelado lo que ellos son o simplemente están aceptando su dinero?

Conner le miró entonces. Los iris casi habían desaparecido en los ojos. Las llamas ardían en las profundidades. Sería la traición más alta para un leopardo revelar a un intruso lo que él era. Rasgó el sobre y sacó una sola hoja de papel. La miró por un largo momento, leyendo la misiva de su padre. Los insectos de la noche sonaban excesivamente fuerte en el pequeño cuarto. Un músculo le hizo tictac en la mandíbula. El silencio se propagó.

– Conner -apremió Rio.

– Puedes querer cambiar de opinión acerca de la misión -dijo Conner y con cuidado, con manos reverentes, dobló y devolvió la piel a la mochila-. No es sólo un rescate de rehenes. Es un golpe también. Uno de los dos leopardos renegados que trabajan para Imelda asesinó a mi madre. Imelda sabe de la gente leopardo.

Rio juró y cruzó a la cocina para servirse un café.

– Hemos sido comprometidos.

– Dos de los nuestros nos traicionaron a Imelda. -Conner levantó la mirada, se frotó los ojos y suspiró-. No tengo elección si queremos asegurarnos de que nuestros secretos permanezcan así, secretos para el resto del mundo.



12 из 405