Fue un pequeño milagro y un testimonio de la disciplina de Conner que esperara a la cabezada de asentimiento de Rio antes de comenzar a andar rápidamente hacia la línea de árboles cerca del río. A unos dos metros dentro del bosque la luz del sol se convirtió en unas pocas manchas sobre las anchas plantas frondosas. El suelo del bosque, de capas de madera y vegetación, se sentía familiar y esponjoso bajo los pies.

Se desabrochó la camisa, ya mojada de sudor. El calor opresivo y la pesada humedad afectaban a la mayoría de las personas, pero a Conner le vigorizaba. Los nativos llevaban un taparrabos y poco más por una razón. Las camisas y los pantalones rápidamente se volvían húmedos, rozaban la piel causando erupciones y llagas que podían infectarse rápidamente aquí fuera. Se quitó la camisa y se dobló para desatar las botas, enrollando la camisa y empujándola dentro de una bota para que Rio la recuperara.

Se puso derecho, inhalando profundamente, echando una mirada a la vegetación que lo rodeaba. Los árboles subían hasta el cielo, dominando desde las alturas como grandes catedrales, un dosel tan grueso que la lluvia tenía que luchar por perforar las variadas hojas y golpear a los gruesos arbustos y a los helechos de abajo. Las orquídeas y las flores rivalizaban con el musgo y los hongos, cubriendo cada pulgada concebible de los troncos mientras trepaban hacia el aire libre y la luz del sol, tratando de perforar el grueso dosel.

Su animal se movió bajo la piel, picando mientras se deslizaba fuera de los vaqueros y los empujaba a fondo en la otra bota. Necesitaba correr libre en su otra forma más de lo que necesitaba cualquier otra cosa. Había pasado tanto tiempo. Salió disparado esprintando entre los árboles, haciendo caso omiso de los pies descalzos, saltando por encima de un tronco podrido mientras se estiraba buscando el cambio. Siempre había sido rápido cambiando de forma, una necesidad viviente en la selva tropical rodeado por depredadores. No era ni completamente leopardo ni completamente hombre, sino una mezcla de los dos. Los músculos se desgarraron, un dolor satisfactorio cuando el leopardo saltó hacia delante, asumiendo su forma mientras el cuerpo se inclinaba y las cuerdas de músculos se movieron bajo la piel gruesa.



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