
– Nadie se preocupa, Ryan -dijo Cathy, molesta con la conversación.
– Alguien verá esas quemaduras y un periodista se enterará. Seremos noticias de primera plana. -Ryan se balanceó alrededor, señalándola con el dedo, endureciendo la voz.
– Te permití hacer lo que quisieras dentro de lo razonable, Cathy, pero no nos arruinarás con tus jueguecitos insensatos.
Cathy apuñaló el cigarrillo en la bandeja.
– ¿De verdad? -Ambas cejas se dispararon hacia arriba. Una expresión astuta le cruzó la cara y el estómago de Jake se apretó-. Quizás conseguiríamos una gran publicidad, Ryan, si lo trabajamos bien. Nuestro pequeño chico golpeado y abusado por un miembro de confianza de nuestra casa. Lágrimas delante de la cámara, yo inclinándome sobre ti, quedamos tan bien en las fotografías juntos. Un primer plano de nuestro niño en el hospital pareciendo frágil. Podríamos explotarlo mucho tiempo. Podría acoger un acontecimiento de caridad para niños golpeados. Abriría más posibilidades, y nos conseguiría alguna gran publicidad.
– Agnes será procesada y encarcelada. Sabe bastante acerca de nosotros.
– No seas estúpido. Si hacemos esto, Agnes tiene que desaparecer.
– Cathy, no puedes estar hablando en serio.
Cathy puso los ojos en blanco.
– Eres un cobarde llorica, Ryan. ¿Piensas que permitiré que ella hable con la policía? ¿O con la prensa? Difícilmente.
Ryan giró la cabeza lentamente, algo fiero y depredador en los ojos. Cathy se tensó y bajó los ojos.
– Tenemos un arreglo muy bueno, cariño, pero quizás necesitas otra lección de respeto a tu marido.
Jake sentía el corazón latiendo fuertemente. Nunca había considerado a su padre peligroso, pero esa mirada, ese pequeño movimiento, ese flexionar de los músculos bajo la apatía aparente, Ryan era tan cruel o aún más que Cathy. Él se había delatado a sí mismo.
Cathy empujó una mano por el pelo.
– No, no, por supuesto que no, cariño. Lo siento. -Ella estaba verdaderamente atemorizada. Jake, oculto como estaba, podía olfatear su temor penetrando en la habitación.
