aunque sean de orden sacro;


mas contra moros, se entiende.


Salió el muchacho bizarro


con una casaca verde,


bordada de cifras de oro,


que sólo los brazaletes


por las mangas descubrían,


que seis alamares prenden.


Un corpulento bridón,


Rucio rodado, que al Betis


bebió el agua, y en su orilla


despuntó la grama fértil;


el codón labrado en cintas


de ante, y el rizo copete


cogido en blancas lazadas,


que con las moscas de nieve


que bañan la blanca piel


iguales labores teje.


A su lado Fernán Gómez,


vuestro señor, en un fuerte


melado, de negros cabos,


puesto que con blanco bebe.


Sobre turca jacerina,


peto y espaldar luciente,


con naranjada orla saca,


que de oro y perlas guarnece.


El morrión, que coronado


con blancas plumas, parece


que del color naranjado


aquellos azahares vierte;


ceñida al brazo una liga


roja y blanca, con que mueve


un fresno entero por lanza


que hasta en Granada le temen.


La ciudad se puso en arma;


dicen que salir no quieren


de la corona real,


y el patrimonio defienden.


Entróla bien resistida,


y el maestre a los rebeldes


y a los que entonces trataron


su honor injuriosamente


mandó cortar las cabezas,


y a los de la baja plebe,


con mordazas en la boca,


azotar públicamente.


Queda en ella tan temido


y tan amado, que creen


que quien en tan pocos años



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