que juntéis los caballeros


de Calatrava en Almagro,


y a Ciudad Real toméis,


que divide como paso


a Andalucía y Castilla,


para mirarlos a entrambos.


Poca gente es menester,


porque tienen por soldados


solamente sus vecinos


y algunos pocos hidalgos,


que defienden a Isabel


y llaman rey a Fernando.


Será bien que deis asombro,


Rodrigo, aunque niño, a cuantos


dicen que es grande esa cruz


para vuestros hombros flacos.


Mirad los condes de Urueña,


de quien venís, que mostrando


os están desde la fama


los laureles que ganaros;


los marqueses de Villena,


y otros capitanes, tantos,


que las alas de la fama


apenas pueden llevarlos.


Sacad esa blanca espada;


que habéis de hacer, peleando,


tan roja como la cruz;


porque no podré llamaros


maestre de la cruz roja


que tenéis al pecho, en tanto


que tenéis la blanca espada;


que una al pecho y otra al lado,


entrambas han de ser rojas;


y vos, Girón soberano,


capa del templo inmortal


de vuestros claros pasados.


MAESTRE: Fernán Gómez, estad cierto,


que en esta parcialidad,


porque veo que es verdad,


con mis deudos me concierto.


Y si importa, como paso


a Ciudad Real mi intento,


veréis que como violento


rayo sus muros abraso.


No porque es muerto mi tío


piensen de mis pocos años


los propios y los extraños


que murió con él mi brío.



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