Sacaré la blanca espada


para que quede su luz


de la color de la cruz,


de roja sangre bañada.


Vos, ¿adónde residís


tenéis algunos soldados?


COMENDADOR: Pocos, pero mis criados;


que si de ellos os servís,


pelearán como leones.


Ya veis que en Fuenteovejuna


hay gente humilde, y alguna


no enseñada en escuadrones,


sino en campos y labranzas.


MAESTRE: ¿Allí residís?


COMENDADOR: Allí


de mi encomienda escogí


casa entre aquestas mudanzas.


Vuestra gente se registre;


que no quedará vasallo.


MAESTRE: Hoy me veréis a caballo,


poner la lanza en el ristre.


Vanse. Salen PASCUALA y LAURENCIA

LAURENCIA: ¡Mas que nunca acá volviera!


PASCUALA: Pues a la hé que pensé


que cuando te lo conté


más pesadumbre te diera.


LAURENCIA: ¡Plega al cielo que jamás


le vea en Fuenteovejuna!


PASCUALA: Yo, Laurencia, he visto alguna


tan brava,y pienso que más;


y tenía el corazón


brando como una manteca.


LAURENCIA: Pues ¿hay encina tan seca


como ésta mi condición?


PASCUALA: Anda ya; que nadie diga:


"de esta agua no beberé."


LAURENCIA: ¡Voto al sol que lo diré,


aunque el mundo me desdiga!


¿A qué efecto fuera bueno


querer a Fernando yo?


¿Casaráme con él?


PASCUALA: No.


LAURENCIA: Luego la infamia condeno.


¡Cuántas mozas en la villa,


del comendador fïadas,


andan ya descalabradas!


PASCUALA: Tendré yo por maravilla


que te escapes de su mano.



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