LAURENCIA: Pues en vano es lo que ves,


porque ha que me sigue un mes,


y todo, Pascuala, en vano.


Aquel Flores, su alcahuete,


y Ortuño, aquel socarrón,


me mostraron un jubón,


una sarta y un copete.


Dijéronme tantas cosas


de Fernando, su señor,


que me pusieron temor;


mas no serán poderosas


para contrastar mi pecho.


PASCUALA: ¿Dónde te hablaron?


LAURENCIA: Allá


en el arroyo, y habrá


seis días.


PASCUALA: Y yo sospecho


que te han de engañar, Laurencia.


LAURENCIA: ¿A mí?


PASCUALA: Que no, sino al cura.


LAURENCIA: Soy, aunque polla, muy dura


yo para su reverencia.


Pardiez, más precio poner,


Pascuala, de madrugada,


un pedazo de lunada


al huego para comer,


con tanto zalacotón


de una rosca que yo amaso,


y hurtar a mi madre un vaso


del pegado cangilón,


y más precio al mediodía


ver la vaca entre las coles


haciendo mil caracoles


con espumosa armonía;


y concertar, si el camino


me ha llegado a causar pena,


casar un berenjena


con otro tanto tocino;


y después un pasatarde,


mientras la cena se aliña,


de una cuerda de mi viña,


que Dios de pedrisco guarde;


y cenar un salpicón


con su aceite y su pimienta,


e irme a la cama contenta,


y al "inducas tentación"


rezalle mis devociones,


que cuantas raposerías,


con su amor y sus porfías,




6 из 60