tienen estos bellacones;


porque todo su cuidado,


después de darnos disgusto,


es anochecer con gusto


y amanecer con enfado.


PASCUALA: Tienes, Laurencia, razón;


que en dejando de querer,


más ingratos suelen ser


que al villano el gorrión.


En el invierno, que el frío


tiene los campos helados,


descienden de los tejados,


diciéndole: "tío, tío,"


hasta llegar a comer


las migajas de la mesa;


mas luego que el frío cesa,


y el campo ven florecer,


no bajan diciendo "tío,"


del beneficio olvidados,


mas saltando en los tejados


dicen: "judío, judío."


Pues tales los hombres son:


cuando nos han menester,


somos su vida, su ser,


su alma, su corazón;


pero pasadas las ascuas,


las tías somos judías,


y en vez de llamarnos tías,


anda el nombre de las pascuas.


LAURENCIA: No fïarse de ninguno.


PASCUALA: Lo mismo digo, Laurencia.


Salen MENGO, BARRILDO y FRONDOSO

FRONDOSO: En aquesta diferencia


andas, Barrildo, importuno.


BARRILDO: A lo menos aquí está


quien nos dirá lo más cierto.


MENGO: Pues hagamos un concierto


antes que lleguéis allá,


y es, que si juzgan por mí,


me dé cada cual la prenda,


precio de aquesta contienda.


BARRILDO: Desde aquí digo que sí.


Mas si pierdes, ¿qué darás?


MENGO: Daré mi rabel de boj,


que vale más que una troj,


porque yo le estimo en más.


BARRILDO: Soy contento.


FRONDOSO: Pues lleguemos.



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