– Perdona, estaba distraída.

– Te sientes como un pez fuera del agua, ¿verdad?

– Sí -contestó ella, sinceramente.

– Esta montaña es mágica, te lo juro. No tiene que gustarte el paisaje inmediatamente, va lo irás descubriendo -dijo Cash-. Los dos tenemos el mismo objetivo. Que no te vayas de aquí hasta que estés completamente relajada. ¿De acuerdo?

– De acuerdo -murmuró Lexie. Y, en ese mismo instante, decidió que estaba enamorada de Cash McKay.

Solo había estado con él media hora y no era el tipo de amor de casarse y tener hijos, pero tampoco estaba buscando eso. Había ido allí esperando que aquel mes fuera una penitencia, pero empezaba a pensar que no iba a pasarlo mal del todo.

Cuando Cash salió de la habitación, Lexie abrió las maletas y empezó a colocar sus cosas en el armario. Poco después, escuchó los gritos de un niño y se asomó a la ventana para investigar.

El chico que corría por la montaña era fácil de identificar como un McKay. Tenía el mismo pelo y los mismos ojos azules que Cash. Debía tener siete u ocho años y llevaba los pantalones llenos de barro.

Lexie lo vio lanzarse hacia adelante, absolutamente convencido de que alguien iba a sujetarlo. Y entonces apareció Cash, levantando al niño en el aire como si no pesara nada.

– ¿A que no sabes una cosa, Cash?

Lexie escuchó la risa ronca del hombre y después los vio desaparecer.

Durante unos segundos, Lexie no pudo apartarse de la ventana. Tenía un extraño nudo en la garganta. Como cuando uno escucha una canción de amor y los recuerdos lo envuelven. Había visto tanto amor en el gesto de Cash y tanta confianza en el niño…

Con un suspiro, Lexie se apartó de la ventana y siguió colocando sus cosas.

No había excusa para sentir nostalgia. Ella era una persona muy afortunada. Sin embargo, a veces, aunque Lexie adoraba a sus padres adoptivos, recordaba a sus verdaderos padres. Una vez había sido una niña alegre, sin miedo… Seguía sin tener miedo y seguía siendo alegre, pero nunca desde que perdió a sus padres había conseguido recuperar la sensación de estar en un sitio que era suyo.



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