
La habitación espaciosa y bonita, pero aquel no era su sitio como no lo era su apartamento en Chicago. Y, a los veintiocho años, a veces el sentimiento de soledad parecía abrumarla.
Lexie se dirigió a la puerta haciendo lo que solía hacer cuando aquellos nubarrones oscuros empezaban a entristecerla. Pensó en dinero. Era el único tema en el que era fabulosa. Ganar dinero se le daba bien. Otras mujeres soñaban con flores. Lexie soñaba con bañarse en monedas de plata.
El amor era bonito, pero cuando se perdía a alguien era como si te arrancaran el alma. El dinero era mucho más seguro. Si se perdía, siempre podía volver a ganarse.
Por supuesto, durante las siguientes semanas, estaba atrapada en aquel refugio y no podría ganar un céntimo. Pero mientras bajaba la escalera, pensó que allí no había ningún peligro para ella… a menos que uno pudiera ahogarse con tanto aire puro.
Y los dos McKay parecían tipos agradables y divertidos.
No tenía ninguna preocupación.
Capítulo 2
Durante toda la cena, Cash no había podido apartar los ojos de la señorita Alexandra Jeannine Woolf. Cuando habló con ella por teléfono, se la imaginó tan grande como su nombre, pero se había equivocado. Lexie no debía pesar más de cincuenta kilos. Pero era una mujer preocupante. Labios como fresas, ojos como chocolate líquido. Su pelo era corto y rizado y tan negro como ala de cuervo, en contraste con su pálida piel.
Cash llevaba una década dando alojamiento a hombres de negocios y podía reconocer las etiquetas de su ropa. La mayoría de sus clientes eran hombres, pero las mujeres que acudían allí eran muy parecidas.
