
– Yo siempre viajo en un Mercedes.
Jacqui empezó a entender los apuros de Vickie por no quedarse sola con Maisie Talbot.
– Esto es un Mercedes -dijo alegremente.
– No se parece a un Mercedes.
– ¿No? Bueno, hoy es uno de esos días en los que puedes ir cómodo al trabajo. Llevar vaqueros en vez de traje y cosas así.
– ¿Y eso para qué?
– ¿Qué tal por diversión? -sugirió Jacqui, pero enseguida comprendió que para Maisie la diversión consistía era engalanarse, no lo contrario-. Oh, está bien. A veces, para recaudar dinero para obras de caridad, las personas mayores pagan por el placer de llevar la ropa que quieren al trabajo. ¿No te gustaría llevar tu vestido de princesa al colegio en vez de tu uniforme y recaudar dinero para una buena causa?
– Yo no voy al colegio.
– ¿No?
– Tengo un profesor particular. ¿Por eso no llevas uniforme? ¿Por caridad?
Jacqui, que nunca había llevado uniforme de ningún tipo, fingió que no la había oído mientras limpiaba el asiento trasero.
– Vamos, Maisie, sube y te abrocharé el cinturón.
Maisie se subió como una princesa entrando en un Rolls-Royce y extendió la falda con cuidado sobre el asiento. Sólo cuando estuvo satisfecha con el resultado, permitió que Jacqui le abrochara el cinturón.
– Bueno -dijo Jacqui, intentando entablar conversación-. ¿Cuando seas mayor serás modelo, como mamá?
– ¡Bah! -espetó Maisie con una mueca de desprecio-. Ya lo he hecho, y es muy aburrido.
– Eso había oído -dijo Jacqui, sentándose al volante y arrancando el motor.
– Cuando yo sea mayor, seré médico como… -dejó la frase sin terminar.
– ¿Como quién? -la animó Jacqui, saliendo a la carretera. Pero Maisie no respondió. Sacó su reproductor de CD de su bolsa y se colocó los auriculares en los oídos, dejando claro que no tenía interés en seguir hablando.
Estupendo, se dijo Jacqui. Por fin se había acostumbrado a pasar los días sin la interminable cháchara de los niños. Estaba harta de improvisar nuevas versiones sobre los mismos cuentos.
