
Me subí el cuello de la gabardina, asegurándome de que el sombrero se ajustara sobre mis ojos. Clara había cosido a mano mi atuendo de detective privado, usando telas high-tech tomadas de su unidad de la Reserva del Ejército. Un material excelente. Sin embargo las capas protectoras no eran demasiado tranquilizadoras. Muchas armas modernas pueden atravesar las armaduras textiles. Lo sensato, como siempre, habría sido enviar una copia. Pero mi casa está demasiado lejos del edificio Teller. El pequeño horno de mi hogar no podría descongelar y fabricar lo bastante rápido para ir al encuentro de Blane.
Siempre hace que me sienta extraño y vulnerable si voy a realizar un rescate o una detención en persona. Un ser de carnerreal no está hecho para riesgos. Pero esta vez, ¿qué otra opción tenía?
La gente real todavía ocupa algunos de los edificios más altos, donde los ojos orgánicos aprecian las panorámicas prestigiosas. Pero el resto de la Ciudad Vieja se ha convertido en una tierra de fantasmas y de golems que van al trabajo cada mañana recién salidos de los hornos de sus propietarios. Es un reino austero, a la vez cascado y pintoresco; los trabajadores fotocopiados salen de tranvías, camionetas y autobuses, sus cuerpos de vivos colores envueltos en ropa de papel igualmente colorista e igualmente desechable.
Teníamos que terminar nuestra redada antes de que llegara el flujo diario de gente de barro, así que Blane organizó rápidamente sus tropas alquiladas a la luz del inminente amanecer, a dos manzanas del edificio Teller. Mientras formaba escuadrones y repartía disfraces, su golem-abogado ébano discutía con una poli acorazada que tenía el visor alzado mientras negociaba un permiso de refuerzo privado.
Yo no tenía otra cosa que hacer excepto mordisquearme una uña y contemplar el día asomar entre la neblina. Ya se podían ver gigantes oscuros deambulando por los desfiladeros de la metrópoli, formas de pesadilla que habrían aterrorizado a nuestros antepasados urbanos. Una silueta sinuosa pasó tras una farola lejana, proyectando sombras serpentinas de varios pisos de altura. Un gemido grave resonó cerca de donde estábamos y temblores triásicos estremecieron mis pies.
