Blane les dijo a sus púrpuras que corrieran a llevar el molde a un preservatanque, para que no expirara antes de declarar. Pero la pálida figura me localizó y se detuvo. La voz, aunque seca y cansada, seguía siendo aquel famoso contralto hosco.

Se-señor Morris… veo que no ha escatimado con su cuenta de gastos. —Miró las ventanas, muchas de las cuales estaban destrozadas sin posibilidad de autorrepararse, y la puerta principal astillada—. ¿Se supone que tengo que pagar este caos?

Aprendí varias cosas de la observación de la marfil. Primero, debía de haber sido sidcuestrada después de que Gineen Wammaker me contratara, o la ídem no habría sabido quién era yo.

Además, a pesar de haber estado varios días conservada en solución WD-90, ningún abuso físico podía suprimir la arrogante sensualidad que Gineen imbuía a cada réplica que hacía. Sin pelo, magullada y chorreando, aquella golem seguía teniendo el porte de una diosa. Y ni siquiera ser liberada del tormento a manos de Beta le había enseñado gratitud.

«Bueno, ¿qué esperabas? —pensé—. Los clientes de Wammaker son pirados. No es de extrañar que haya tantos que compren las copias pirata baratas de Beta.»

Blane le respondió a la réplica de Wammaker como si fuera real. Su presencia era así de abrumadora.

—Naturalmente, la Asociación de Subcontratas de Trabajo espera algún tipo de remuneración. Hemos invertido recursos considerables para llevar a cabo este rescate…

—No es un rescate —corrigió el modelo de marfil—. No tengo ninguna continuidad. No pensará que mi original va a cargarme después de esta experiencia, ¿no? Han recuperado ustedes su propiedad robada, eso es todo.



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