Beta estaba secuestrando sus ídems en la calle, usándolos como moldes para hacer facsímiles pirata…

Violando mi copyright. Y ustedes lo han detenido. Bien. Para eso pago mi tasa a la AST. Para capturar a los violadores de licencias. En cuanto a usted, señor Morris… será bien recompensado. Pero no se crea que es algo heroico.

Un temblor sacudió el esbelto cuerpo. En su piel apareció una red de grietas finas como cabellos que se volvían más profundas a cada segundo. Miró a los púrpuras.

— ¿Bien? ¿Van a sumergirme ahora? ¿O esperaremos a que me derrita?

No pude sino maravillarme. La ídem sabía que no iba a ser cargada de nuevo en la hermosa cabeza de Gineen. Su vida, tal como era, acabaría dolorosamente mientras que su pseudocerebro sería analizado en busca de pruebas. Sin embargo se comportaba con dignidad clásica. Con típica arrogancia.

Blane puso a los púrpuras en marcha; condujeron a su pequeña carga más allá de los limpiadores a rayas, los polids de piel azul y los jirones que se evaporaban de aquellos cuerpos que apenas unos minutos antes estaban enzarzados en un furioso combate. Por la forma en que sus ojos observaron el marfil de Wammaker, me pregunté si Blane era uno de sus fans. ¿Tal vez un alquilador de cabinas?

Pero no. Hizo una mueca de disgusto.

—No merece la pena. Todo este gasto y este riesgo porque una prima donna no se molesta en salvaguardar sus ids. No tendríamos que hacer nada de esto si llevaran un simple autodestructor.

No discutí. Blane es una de esas personas que se toma con completa indiferencia la tecnología de hornos. Trata a sus propios ídems como herramientas útiles, nada más. Pero yo comprendía por qué Gineen Wammaker no quería implantar a sus copias bombas por control remoto.

. Cuando soy un ídem, me gusta fingir que soy inmortal. Me ayuda a soportar un día de perros.



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