Todo el que ha duplado y cargado sabe que la pseudocarne puede sentir dolor. Una feroz agonía me hizo chocar contra uno de los jóvenes, que me empujó a su vez, gritando.

¡Apártate, cosa apestosa! ¡Habéis visto eso? ¡Me ha tocado!

Ahora lo pagarás, trozo de barro —añadió el alto—. Veamos tu placa.

Todavía temblando, conseguí darme la vuelta para colocarlo entre el callejón y yo. Mis perseguidores no se atreverían a disparar ahora y arriesgarse a darle a un archi.

—Idiota —dije—. ¿No ves que me han disparado?

¿Y qué? —Las aletas de la nariz del albino se abrieron—. Mis ídems acaban destrozados en guerras-orga constantemente. No me verás llorar por eso. ¡Ni llevar una pelea al Odeón, nada menos! Vamos a ver esa placa.

Extendió una mano, e instintivamente me toqué el punto de la frente donde estaba el implante de identidad. Un duplicado-golem tiene que enseñar su placa a una persona real, si se lo pide. Aquel incidente iba a costarme… bueno, le costaría a mi creador. La diferencia semántica dependía de si conseguía llegar a casa en la siguiente hora.

Bien. Llamad a un poli o a un árbitro —dije, tocando la tapa de pseudopiel—. Veremos quién paga la multa, basura. No estoy jugando a ningún simbat. Estáis molestando al doble de un investigador con licencia. Los que me disparan son criminales…

Atisbé unas figuras que salían del callejón. Miembros de piel amarilla de la banda de Beta, alisándose sus atuendos de papel y tratando de no parecer sospechosos entre la multitud de archis que paseaban, inclinándose y dando paso como respetuosos chicos que cumplieran sus encargos y en los que no mereciera la pena fijarse. Pero con prisa.

¡Maldición! Nunca había visto a Beta tan desesperado.

Y mi cerebro contiene pruebas que pueden ser cruciales para resolver un caso importante. ¿Queréis ser responsables de haberlo impedido?



5 из 574