
– Tengo a la policía aquí delante. Y están haciéndome un montón de preguntas muy jodidas.
– ¿Sobre qué?
– Sobre esa chica a quien han matado hoy. Creen que yo he tenido algo que ver.
3
– Pásame con el policía -pidió Myron a Duane.
– Al habla el detective de homicidios Roland Dimonte -comentó una voz al otro lado de la línea telefónica con el típico tono impaciente de los policías-. ¿Quién narices es usted?
– Me llamo Myron Bolitar y soy el abogado del señor Richwood.
– Conque el abogado, ¿eh? Pensaba que era su agente.
– Soy las dos cosas -contestó Myron.
– ¿Lo dice en serio?
– Sí.
– ¿Ha hecho la carrera de Derecho?
– Tengo el título colgado en la pared, pero puedo llevárselo si quiere.
Dimonte hizo un ruido parecido a una media sonrisa.
– Ex jugador de baloncesto, ex federal ¿y ahora va a decirme que es usted un puto abogado?
– Soy lo que podría llamarse un hombre del Renacimiento -dijo Myron.
– ¿Ah, sí? Y dígame, señor Bolitar, ¿qué universidad iba a admitir a alguien como usted?
– Harvard -respondió Myron.
– Vaya, menudo personaje está hecho.
– Usted me ha preguntado.
– Está bien, tiene media hora para venir aquí. Después me llevaré a su chico a la comisaría, ¿entendido?
– Ha sido un placer hablar contigo, Rolly.
– Le doy veintinueve minutos. Y no me llame Rolly.
– No quiero que le hagan ninguna pregunta a mi cliente hasta que yo llegue, ¿está claro?
Roland Dimonte no respondió.
– ¿Está claro? -repitió Myron.
Más silencio. Y de repente:
– Creo que hay interferencias y no le oigo muy bien, señor Bolitar.
Dimonte colgó.
Un tipo la mar de agradable.
– ¿Quieres ocuparte de Ned por mí? -le dijo Myron a Esperanza mientras le devolvía el auricular del teléfono.
