Asqueada, solicité la ayuda de los criados para que lo sacaran de mi cámara.

Se lo llevaron casi a rastras: la espalda vencida y su arrogancia hecha un guiñapo.

Pepe Viana murió aquella misma noche.

No pude alegrarme. Me sentí culpable.

Nunca imaginé que defender mis derechos contra un ser que durante años venía triturándolos fingiendo amabilidades y falsos aprecios podría originar un resultado tan grave. Mi única intención era poner los puntos sobre las íes, darle a entender que sus artimañas ya no eran para mí hechos desconocidos y que, en adelante, yo, la reina, dejaba de ser su amiga.

Eso era lo que yo había pretendido: acusar recibo de sus desafueros y darme por enterada de todo el daño que me había hecho. Nada más. Nunca pensé que podía herirlo de muerte al reprocharle mis propias heridas vitales.

De haber sabido que su corazón estaba enfermo, jamás hubiera adoptado con él una actitud tan drástica. Lo cierto es que aquella muerte fue sin duda alguna su mayor ataque a mi persona. A veces el destino se disfraza de ciertas actitudes que desvirtúan su condición de destino para convertirse en venganza. El hecho es que Viana continuó dañándome más allá de su vida.

En ocasiones los muertos pueden también vengarse de los vivos que se atrevieron a humillarlos por mucho que merecieran ser humillados.

A pesar de todo, lloré por él. Era como si su muerte me reprochase no haber sabido mantenerme a raya. Y dejar de ser reina, para ser únicamente una mujer dolorida y destrozada. No obstante, me escondí para llorar. Nadie supo que mi peor enemigo consiguió que mis ojos se llenaran de lágrimas al saberlo muerto. Fue un llanto parecido al de los sauces, cuando el relente nocturno les obliga a gotear. La oscuridad los protege de miradas insidiosas.


***

En ocasiones los motores del avión son como arrullos que invitan a cerrar los ojos y aislarnos de lo que nos rodea. Recuerdo ahora que en aquella época volar era una especie de heroicidad que sólo el primo de Alfonso, Ali de Orleáns, vaticinaba como un adelanto que andando el tiempo iba a servir para convertir el globo terráqueo en un mundo sin distancias.



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