
Pero no Angus. No, Angus estaba, gracias a su exasperante hermana menor, quien él comenzaba a pensar podría ser el único escocés desde el comienzo de los tiempos en no tener sentido común, parado en la fuerte lluvia, congelado y temblando, y estableciendo lo que tenía que ser un nuevo record nacional para el mayor empleo de las palabras "maldición", "maldita" y "mierda" en una sola tarde.
Había esperado llegar más lejos que la frontera esta tarde, pero la lluvia lo hacía más lento, y aún con guantes, sus dedos estaban demasiado fríos para agarrar correctamente las riendas. Además, no era justo para Orfeo; era un buen caballo y no merecía este tipo de abuso. Esta era otra trasgresión por la cual Anne tendría que asumir la culpa, pensó con gravedad Angus. No se preocupaba de que su hermana sólo tuviera dieciocho años. Cuando él encontrara a la muchacha, iba a matarla.
Se conformó con el hecho de saber que si él había tenido que reducir la velocidad por el tiempo, entonces Anne habría sido forzada a parar completamente. Ella viajaba en carruaje -su carruaje-, que había tenido la temeridad de "tomar prestado"- y seguramente sería incapaz de moverse hacia el sur con los caminos llenos de barro y atascados.
Y si había algo de suerte flotando en el aire húmedo, Anne aún podría estar varada en Gretna Green. Como una posibilidad, era bastante remota, pero mientras él estuviera obligado a detenerse, parecía tonto no buscarla. Soltó un suspiro cansado y limpió su cara mojada con el reverso de la manga. Esto no sirvió, desde luego; su abrigo estaba ya completamente empapado.
Con el ruidoso suspiro de su dueño, Orfeo instintivamente realizó un alto, a la espera de la siguiente orden. El problema era, que Angus no tenía ni idea que hacer después. Supuso que podría comenzar buscando por las posadas, aunque a decir verdad, no era un pensamiento muy agradable el de examinar todos los cuartos de cada posada en la ciudad. No quería ni pensar cuantos posaderos iba tener que sobornar.
