
Pero lo primero era lo primero, y él también podría instalarse antes de comenzar su búsqueda. Una rápida exploración calle arriba le dijo que The Canny Man poseía los mejores establos, Angus estimuló a Orfeo en la dirección de la pequeña posada. Pero antes de que Orfeo hubiera logrado mover aún tres de sus cuatro pies, un grito ruidoso perforó el aire.
Un grito femenino.
El corazón de Angus dejó de latir. ¿Anne? Si alguien hubiera tocado tanto como el dobladillo de su vestido…
Galopó calle abajo y luego alrededor de la distante esquina, justo a tiempo para ver a tres hombres intentando arrastrar a una dama dentro de un edificio oscuro. Ella luchaba vigorosamente, y por la cantidad de lodo sobre su vestido, se dio cuenta de que la habían arrastrado una distancia razonable.
– ¡Suélteme, cretino! -gritó, dándole un codazo a uno de ellos en el cuello.
No era Anne, eso seguro. Anne nunca sabría bastante como para pegarle al segundo hombre en la ingle con la rodilla.
Angus saltó hacia abajo y se lanzó a la ayuda de la dama, llegando justo a tiempo para agarrar al tercer bandido por el cuello, alejándolo de su intencionada víctima, y zarandeándolo de cabeza en la calle.
– ¡Déjeme en paz, cabrón! -gruñó uno de los hombres. -La encontramos primero.
– Que desafortunado. -dijo Angus con calma, golpeando su puño en la cara del hombre. Miró fijamente a los dos hombres restantes, uno de los cuales todavía estaba despatarrado en la calle. El otro, que había permanecido doblado sobre la tierra asiendo sus partes inferiores después de que la dama le diera un rodillazo, miró a Angus como si quisiera decir algo. Pero antes de que pudiera emitir algún sonido, Angus plantó su bota en un área bastante dolorosa y miró abajo.
