
Como si sintiera sus pensamientos, él resopló y sacudió su cabeza ligeramente.
– Por el amor de Dios, mujer, salvé su maldita vida.
Margaret se estremeció. El enorme escocés probablemente estaba en lo correcto, y ella sabía que su difunta madre le habría ordenado ponerse de rodillas solamente para agradecerle, pero la verdad era parecía un poco desequilibrado. Sus ojos eran cálidos y hacían alarde de carácter, y había algo en él -algo extraño e indescriptible- que la hizo temblar interiormente.
Pero ella no era una cobarde, y había pasado bastantes años tratando de inculcar buenos modales a sus hermanos más jóvenes, y no estaba por mostrarse hipócrita y comportarse groseramente ella misma.
– Gracias, -dijo rápidamente, su corazón acelerado, razón por la cual hablaba atropelladamente. -Esto… eh… muy bien hecho, y yo… gracias, y creo que puedo hablar por mi familia cuando digo que ellos también le agradecen, y estoy segura que si alguna vez me encontrase casada, mi marido le agradecería también.
Su salvador (¿o era su Némesis? -Margaret no estaba segura) sonrió despacio y dijo:
– Entonces usted no está casada.
Ella se alejó unos pasos.
– Eh, no, eh, realmente debo irme.
Sus ojos se estrecharon.
– ¿Usted no está aquí fugándose para casarse, verdad? Porque eso siempre es una mala idea. Tengo un amigo con una propiedad en la zona, y él me dice que las posadas están llenas de mujeres que han sido comprometidas en el camino a Gretna Green, pero nunca desposadas.
– Ciertamente no me fugo para casarme, -dijo con irritación. -¿Realmente luzco tan tonta?
– No, no lo parece. Pero olvide que lo pregunté. Realmente no me importa. -Él sacudió su cabeza con cansancio. -He montado a caballo todo el día, estoy dolorido como el demonio, y todavía no he encontrado a mi hermana. Me alegro de que esté a salvo, pero no tengo tiempo de sentarme aquí y…
Su semblante entero cambió.
