
Marina se convirtió en la acompañante y traductora permanente de Guianeya. Poco a poco fue creciendo la amistad entre las dos muchachas. Era posible que la esto hubiera coadyuvado un parecido exterior, no muy grande pero indudable.
¿Dónde se encontraba la patria de Guianeya? ¿De dónde apareció de una forma tan rara y enigmática en el Sistema solar? ¿Y cómo pudo ser «en contra de su voluntad»? A estas preguntas sólo podía contestar la misma Guianeya. Pero ella callaba, callaba ya año y medio.
Alguna vez tendría que hablar y este momento lo esperaban con impaciencia las personas de la Tierra.
Y ahora, la forastera misteriosa se encontraba, en un caluroso mediodía de julio, en el paso a nivel de la línea del sharex, en medio de una llanura verde, en el centro de la tierra ucraniana.
¿Qué la había traído aquí? Ni la misma Mariña lo sabía. Guianeya había manifestado este deseo, y esto era suficiente para esforzarse en cumplirlo sin discutir. Sólo se podía suponer que la traía a Poltava el futuro aterrizaje en el cohetódromo de la Sexta expedición lunar. Otra causa era difícil de pensar.
Pero había un «pero» en esta cuestión, y los científicos de la Tierra hubieran dado todo por saber si le interesaba o no la Luna a Guianeya. El aclarar esta cuestión podría verter luz sobre muchas cosas que hasta ahora eran secretas.
Provocó duda el hecho de que nadie había hablado a Guianeya del regreso de la Sexta expedición. ¿De dónde podía saberlo?
Pero sea por lo que sea, Guianeya manifestó que quería ir a Poltava, señalando esta ciudad en el mapa.
Guianeya en sus viajes por la Tierra, bastante frecuentes y duraderos, utilizaba insistentemente el transporte terrestre y marítimo, pero no quería utilizar el aéreo. Y esta vez prefirió ir en vechebús aunque sabía que este viaje era más largo y agotador.
